Entrevista a la maestra de Katmandú

13 Jun

La maestra catalana Victoria Subirana, antes conocida como Vicki Sherpa, lleva más de 20 años educando a los niños más pobres de Nepal.  Su extraordinaria vida, recogida en el libro ‘Vicki Subirana: Una maestra en Katmandú’, ha inspirado a Icíar Bollaín para su nueva película, ‘Katmandú, un espejo en el cielo’. Sin embargo, como suele ocurrir, la realidad supera con creces la ficción tal y como nos cuenta su propia protagonista en la siguiente entrevista.

Pregunta: ¿Qué lleva a una chica diplomada en magisterio, con 10 años de experiencia a sus espaldas, a dejarlo todo e irse a vivir al Tibet? 

Viky Subirana: Fui a Nepal y me marché para proporcionar una educación de calidad a los niños que mendigaban por las calles más pobres de Nepal. 

Portada del libro “Una maestra en Katmandú” de Viky Subirana

P: ¿Por qué el Nepal y no cualquier otro lugar del mundo? 

V.S: En principio quería ir a Tibet, porque había leído a Lobsang Rampa y quería conocer a los tibetanos. Sentía una gran empatia por el pueblo tibetano, torturado por los chinos. Pero un gran erudito en estudios orientales llamado Ramon Prats, me aconsejo que fuera a Nepal a visitar a los tibetanos que vivían exiliados allí, para que pudiera conocerlos en libertad, sin la represión y el ultraje que el gobierno chino les inflige. Así que, una vez en Nepal me di cuenta de que mi misión era educar a los niños pobres que andaban por las calles privados de una educación y una vida digna. 

P: En el prólogo del libro escribe una frase de Séneca: “indignamente vive el que no vive para los demás”. ¿Por qué esta frase? ¿Qué significado tiene para usted?

V.S: Los seres humanos, por naturaleza, no somos burbujas independientes y egocéntricas. Estamos intrínsecamente relacionados entre nosotros de tal manera que nos necesitamos mutuamente, no solo para sobrevivir sino para evolucionar. Todo cuanto tenemos en todas las parcelas de nuestra vida se lo debemos a alguien. Si tenemos un cuerpo es porque nuestra madre lo ha gestado y alimentado durante nueve meses. Después, otros seres nos aportan todo cuanto compone el mapa de nuestra existencia, y nos vamos nutriendo de lo que nos dan: gracias a las aportaciones de otras personas forjamos nuestro carácter, las emociones, nuestra manera de sentir, de pensar y nuestra personalidad. En el momento en que somos capaces de darnos cuenta de que lo que somos se lo debemos a quienes nos ayudaron a conseguirlo, se produce un milagro. Surge en nosotros la necesidad de vivir para hacer el bien a los demás. Es como si descubriéramos que tenemos que devolver lo que sabemos, como si no nos perteneciera por completo, como si fuera un préstamo que tenemos que compartir con quienes todavía no han tenido las mismas oportunidades que nosotros. Es un tema de dignidad, de hacer lo que es justo, de practicar la justicia social. Y de ahí radica la frase de Séneca. 

P: El principio su viaje al Nepal fue complicado y sabemos que lo pasó bastante mal. ¿De dónde saco fuerzas para continuar adelante? 

V.S: Las fuerzas se sacan cuando se tiene un objetivo claro y se visualiza un resultado altruista al final del camino. Hay un astro que marca el recorrido de cada ser humano. Cuando se encuentra esa guía no hay obstáculo que dure eternamente. Cada problema se convierte en un reto para ejercitar la paciencia y la perseverancia. 

P: Para evitar ser deportada del Nepal llegó a aceptar un matrimonio de conveniencia con un Sherpa pero acabo siendo su gran amor. ¿Qué le enamoró de la cultura nepalí? 

V.S: Para los que venimos de occidente la cultura nepalí tiene un punto exótico que te invita a descubrir cosas nuevas y fascinantes. Desde una filosofía antiquísima de fuertes contrastes étnicos y razas autóctonas. Pasando por tradiciones milenarias, la religión hinduista impregnando de ritos la vida de las gentes, el arte culinario que desprende aromas de especies, el colorido de los vestidos de las mujeres envueltas en sedas. Y la gran variedad de lenguas y dialectos que hacen de Nepal un verdadero laberinto cultural. 

P: Empezó a escribir un diario sobre su aventura en el Nepal, ¿desde el principio tenía en mente la idea de acabar convirtiéndolo en un libro? 

V.S: No, en absoluto. Lo único que yo tenía en mente cuando fui a Nepal era educar a los niños pobres. Lo del libro vendría después, al cabo de los años. Fue la necesidad de compartir y transmitir lo que yo había aprendido con otras personas lo que me llevo a publicar el libro. Y también me sirvió de catarsis, de válvula de escape. Las vivencias eran muy fuertes para almacenarlas a nivel individual.

P: ¿Qué encontrará el lector en “Una maestra en Katmandú” que le enganche y le haga terminar el libro?

V.S: El libro parece una novela, pero en realidad no lo es. Es una historia real, verídica con muchísima pasión. Es un no parar, un sin vivir. Detrás de un dilema surge el siguiente. Quienes lo leen están constantemente deseando que sea el último percance, el final feliz tan esperado, la batalla del bien sobre el mal. Y continuamente surgen cosas nuevas hasta llegar al feliz y esperado desenlace. Es un libro de intriga desde el principio.

P: En su libro también habla de las ONG y de la cooperación, y denuncia que la existencia de ONG occidentales que cofunden la ayuda con la limosna. ¿Funciona actualmente el papel de las ONG en los países conocidos como “del tercer mundo”? ¿Cree que deberían mejorar?

V.S: Yo creo que hace falta una reforma ideológica en el concepto, la manera y la forma de gestionar la ayuda que llega al denominado “Tercer  Mundo”. Es una reforma a dos niveles: el primer nivel  empieza por  cambiar el modo en que les ayudamos nosotros (los ricos) a ellos (los pobres). Veo que si no se les ayuda para que consigan liberarse de la ayuda occidental les estamos haciendo nuestros esclavos, es decir (pobres de manera permanente). La ayuda tiene que tener un concepto de capacitación para que un día lleguen a ser independientes respecto de los países ricos. La ayuda tiene que tener fecha de caducidad. No se les tiene que ayudar pensando que vamos a estar detrás de ellos eternamente. El segundo nivel pasa por un cambio de actitud de los países receptores de la ayuda, para que no nos vean como una maquina de fabricar dinero a quienes se debe estafar, explotar y  engañar con la excusa de que son países pobres. En Nepal el negocio de constituir una ONG y hacerse miembro del patronato es uno de los más rentables que existen en la actualidad. Es una de las formas de enriquecimiento de la clase rica y dirigente. El que fuera ministro para la Cooperación Internacional en el ano 2009 decidió no aprobar el presupuesto de la ayuda humanitaria y denunció al Social Welfare Council (organismo que regula las ayudas), afirmando con toda seguridad que el 85% de la ayuda que debería llegar a los pobres iba a manos de políticos y burócratas corruptos. Es un dinero que sirve para mantener a las clases dirigentes, que son quienes dominan  el mercado de la ayuda humanitaria. Hay que seguir ayudando pero haciendo reformas y mirando muy bien a quien y a que manos llega la ayuda.

P: ¿Le gusta la adaptación que ha echo de su novela Iciar Bollaín y que ha llevado al cine recientemente con Verónica Echegui interpretando el papel de Vicky Subirana? ¿Se ve reflejada en el personaje?

V.S: La película tiene parte de verdad y parte de ficción. Me gusta el resultado en general porque está hecho con mucho arte. Hay cariño, delicadeza, respeto y un gran trabajo de investigación. Iciar es una gran profesional y ha sabido transmitir la dureza de un proyecto vital como el que yo he llevado a cabo. Creo que, después de ver la película, a nadie le cabe duda de que he tenido que lidiar con problemas escalofriantes y adversidades atroces para llegar hasta el día de hoy. Sin embargo no me veo reflejada en el carácter del personaje. En la película Laia esta siempre llorando, siempre indecisa, deprimida, sin personalidad, de tal modo que las decisiones más importantes las toman otras personas en su lugar. No fue así. Yo no tenía tantas inseguridades como tiene mi personaje, pero Iciar tuvo que hacer una serie de adaptaciones que beneficiaban la historia cinematográfica y tuvo que inventar una protagonista más ingenua, más inexperta y más inmadura de lo que era yo.

P: ¿Cree que es posible llevar al cine novelas como la suya y plasmar lo que el escritor quería transmitir sin que se pierda su esencia? 

V.S: Evidentemente. El trabajo de Iciar es un ejemplo. La esencia y el espíritu de mi labor está reflejada en la película. Aunque los personajes no coincidan, aunque lo que se cuenta no sea lo que sucedió en realidad, el mensaje se ha trasmitido de manera inequívoca. Y eso es maravilloso.

P:Por último, ¿qué proyectos tiene de cara al futuro? 

V.S: En la actualidad estoy llevando a cabo un proyecto apasionante. Estamos formando parte de la reforma educativa de Nepal. Esto ha sido posible gracias a un convenio de colaboración entre el gobierno de España y Nepal, con la intervención de la UNE y de la Fundación EduQual (Educación de calidad para Todos). Estamos actuando en las escuelas públicas para implementar mi pedagogía: “La Pedagogía Transformadora en 30 escuelas públicas”. Este método se esta practicando también en escuelas españolas y espero que se vaya extendiendo poco a poco.

Muchísimas gracias Viky, esperamos que tenga suerte en todos los proyectos que se planteé de cara al futuro.

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